Telaraña | eriodismo narrativo
martes 26 de septiembre de 2017 | 08:04

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Queremos informar a nuestros lectores que Telaraña se encuentra en un periodo de pausa en la producción de nuevas notas. Mientras tanto, pueden seguir accediendo al material de archivo. Próximamente daremos más datos acerca de cómo continuará nuestro trabajo.
  
Una niña cumplió años y en su fiesta, en lugar de las clásicas sorpresitas repletas de golosinas, sus padres entregaron miniviveros sustentables. Así comenzaron a crecer en distintas zonas de Paraná lo que el papá de la cumpleañera, autor de esta nota, llamó “árboles de la vida en comunidad”.
  
Cuando por alguna razón nos vemos obligados a organizar nuestros libros, empezamos a mirarlos de otra manera y constatamos cuánto hablan de nosotros mismos. Esto es lo que le sucedió al autor de esta crónica una vez que se dedicó a la tarea de ordenar lo que él llama sus “amigos de papel”.
  
María Carla Zapletal nació en Rosario hace treinta y seis años. Hoy vive en Paraná. La vida le tenía preparado un camino peliagudo y difícil: contaba apenas dos años cuando es atacada por una enfermedad mitocondrial. Su padecimiento tiene nombre y apellido: “Síndrome de Leigh”.
  
Una frase terminante en 1991. Muchos años de excusas disfrazadas de resignación. Una clínica de fertilidad. Pinchazos en la panza. Intentos fallidos y, al final, un espéculo, un catéter, dos embriones deslizándose hasta el útero. La historia de una batalla ganada a la imposibilidad de ser madre.
  
Una tarde de verano en Paraná. Sol. Mucho viento. Una sombrilla que se desprende del suelo y que rueda, empujada por las ráfagas. Miedo. Un recuerdo y una reflexión sobre lo absurdo de la vida.
  
Una madre de Lomas del Mirador II permitió que su hijo consumiera drogas en su casa por miedo a que lo mataran en una esquina. Una rectora denunció que en los barrios delinquen para drogarse. Miradas de los consumos problemáticos en Paraná, donde se registran 14 homicidios en los que el narcotráfico sería el trasfondo.
  
Un mes después de cambiar de casa, una cronista pasa varias horas en una plaza. Un lugar donde algunos duermen, otros pasean sus perros y la mayoría circula sin advertir que el tiempo pasa. Un tiempo “para entender, para jugar, para querer”. Un “tiempo para aprender, para pensar, para saber”.
  
Cómo el porteño bien vestido y fanfarrón pasó a ser un “cajetilla”, por qué se le llama “botón” al policía y cómo es que la ignorancia es “estar en bolas” y “tener la papa” es contar con la información apropiada. En este artículo Ariel Vittor dilucida los orígenes de algunas expresiones del lunfardo.
  
El conscripto Anacleto Bernardi supo despertar el orgullo de los entrerrianos. En 1927, enfermo de pulmonía, ayudó a rescatar a los náufragos del buque italiano Principessa Mafalda, pero no pudo salvarse a sí mismo de los colmillos de un tiburón.