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El camino hacia Silvia
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lunes 04 de noviembre de 2019
Cuando Silvia Wollert desapareció, el 24 de marzo de 1977, en plena dictadura cívico-militar, Vilma tenía 13 años y vivía en Colonia Ensayo con su familia. Su hermana tenía 21 y estudiaba Trabajo Social en Paraná. Años después la menor empezó la búsqueda. Fue un "trabajito de hormiga" que encaró despacio y con muy pocos datos, que fue hilando hasta que en 1999 los restos de Silvia fueron identificados y recuperados.
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Por Silvina Mernes
El último recuerdo nítido que Vilma tiene con su hermana fue en la ciudad de Santa Fe, en la iglesia de Guadalupe. "Estábamos sentadas en los escalones y ella me había regalado un perrito de peluche. Después no puedo recordar;  trato de pensar, pero no".
El modo de hablar de Vilma es tranquilo y pausado. Igual que el largo camino que emprendió para buscar a su hermana. Lo hizo a su propio tiempo, con momentos necesarios de respiro. Asegura que fue un "trabajito de hormiga" muy meticuloso y cuidado.
Esas mismas características tiene su forma de recopilar los documentos relacionados con la búsqueda. Artículos periodísticos, resoluciones judiciales, informes, participaciones del sepelio, todos prolijamente guardados en una carpeta.
Entre esos papeles guarda la fotocopia de un artículo periodístico sobre un supuesto intercambio de disparos entre la Policía santafesina y "sediciosos" que resultaron abatidos. "Cruento enfrentamiento hubo hoy en la zona de Guadalupe", dice engañosamente el título sobre lo ocurrido el 24 de marzo de 1977 en una casa ubicada en calles Güemes y Javier de la Rosa,  en el barrio Guadalupe de Santa Fe.
"Enfrentamiento entre comillas", dice Vilma. Igualmente, esa información parcializada fue uno de los primeros hilos que encontró. "Era una fecha probable de desaparición. De muerte, digamos". Era una punta para empezar a hilar.
Pero no partió de cero: unos años después de la desaparición, su mamá y su papá habían empezado a averiguar empujados por el pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata --a la que por entonces concurría la familia-- que les insistió para que vayan a Buenos Aires e incluso viajó junto a ellos. Pero al tiempo abandonaron la búsqueda y en la casa no se volvió a hablar de la hija desaparecida.
Años más tarde Vilma constató que sus padres llegaron a hacer la denuncia en alguna de las organizaciones de derechos humanos, aunque no sabe bien en cuál. "Quizás en Madres de Plaza de Mayo, en el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) o en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)", dice, como pensando en voz en alta. Y agrega, contundente: "En el Nunca más Silvia aparece. Es decir que la denuncia estaba hecha".
 
Reconstrucción
Cuando Silvia terminó la primaria sus padres la mandaron a Paraná para que pueda continuar sus estudios, porque en el pueblo no había escuela secundaria. Se instaló en la casa de una tía y cursó sus estudios en el Colegio Cristo Redentor.
Concluido el secundario, empezó la carrera de Asistencia Social (hoy Trabajo Social). Hacía tiempo ya que militaba en la juventud peronista, primero en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y luego en la universidad.
Silvia volvía a la casa paterna todos los fines de semana. Esa costumbre se extendió por varios años. A veces llegaba con amigas, que más tarde se convirtieron  en piezas fundamentales para seguir hilando.
"Pero en un momento perdimos el contacto,  es decir, dejó de ir al campo de mis padres", recuerda Vilma. "Luego se restablece la comunicación y ahí vamos nosotros a verla a Santa Fe". Al poco tiempo Silvia faltó a un encuentro acordado con su padre. "Papá le había llevado ropa y un calentador a la pensión donde ella vivía en Santa Fe, y no la encontró. La dueña de la pensión le dijo que se había ido y no había vuelto". Después se perdió el contacto, y ya no volvió a restablecerse.
Luego supo Vilma cómo se sucedieron los hechos: cuando aún estaba en Paraná, Silvia alquilaba una casa junto a su amiga Mariana Fumaneri, a quien los militares buscaron  y detuvieron en el Consejo General de Educación (CGE), donde trabajaba. Alguien le avisó a Silvia, que inmediatamente decidió pasar a la clandestinidad. "Así estuvo un tiempo en Paraná y después cruzó a Santa Fe para estar más segura. Pero Santa Fe era mucho peor".

Develar la historia
Cuando Vilma cursaba quinto año de la secundaria en la escuela Almafuerte, tuvo como profesora de Historia a una compañera de colegio de su hermana. "Yo  creo que ahí empezó mi búsqueda. Porque hasta ese momento yo no tenía ni idea de qué iba a estudiar y ahí me decidí. Con el tiempo pensé que quizás hice el Profesorado de Historia porque mi profesora era una compañera de Silvia y yo lo que quería era develar su historia".
Ya en Paraná, mientras cursaba el Profesorado empezó a sentir la inquietud por averiguar.  "Ahí empezó a movilizarme algo. Tampoco hablaba demasiado, sólo con algunos de mis compañeros de más confianza. Pero empecé a plantearme esto de buscar. Años después --ya con mi esposo, que me alentaba-- inicié la búsqueda".
También recuerda el día que se colocó la primera placa recordatoria en la Plaza 1º de Mayo. "Fue la primera vez que la lloré con absoluto desconsuelo: cuando vi su nombre en la placa".
La búsqueda le llevó varios años, cinco o seis. La acompañó siempre su esposo Carlos. "Fuimos despacito. Aparte no había nada en esa época, ni registros ni bases de datos, nada digitalizado como para cruzar información. Incluso había mucha gente, militantes y compañeros, que no querían hablar, que todavía no se animaban o no podían. Entonces era difícil".
Vilma recordaba "dos o tres nombres" de compañeras de Silvia que habían ido algún fin de semana a su casa familiar  en Colonia Ensayo, Departamento Diamante. "No me acordaba de sus caras, pero sus nombres me habían quedado muy grabados". Por allí empezó. Se puso en contacto con ellas y fueron surgiendo otros nombres, más posibilidades pero también más caminos para explorar.
"Entrevisté gente y fui atando cabos". Así llegó hasta una mujer de Santa Fe que tenía en su poder un registro de sepulturas de NN en el cementerio de esa ciudad. "Nosotros teníamos la fecha probable de desaparación gracias al artículo periodístico. Así que lo que hicimos fue cruzar los datos de esa planilla con los del diario".
El periodista santafesino Juan Carlos Tizziani, redactor de Rosario/12, les hizo un aporte fundamental. Había encontrado, anexado a otra causa judicial por delitos de lesa humanidad, un informe de las Fuerzas Armadas que intervinieron en el supuesto enfrentamiento, donde estaban identificadas las personas muertas. Aunque intentaron ocultar todo, paradójicamente --dice Vilma-- dejaban todo escrito.  "En ese anexo estaba todo, incluso fotos. Decía dónde había sido el supuesto enfrentamiento, cómo había sido, qué encontraron, si había o no armas". Decía también "que murieron tres subversivos montoneros", y sus nombres.
Así se enteró que a su hermana la asesinaron junto a  José Luis Gómez y Norma Meurzet.
Norma tenía una hermana melliza, Nora, que había sido asesinada unos meses antes, en enero de 1977. Nora sí había sido identificada y estaba enterrada en un nicho familiar. Allí fueron encontrados los restos de Norma y de Silvia.
"Creemos que lo que hizo la mamá de las chicas Meurzet fue identificar dónde la sepultaron a Norma como NN en la necrópolis de Santa Fe. Y suponemos que tiempo después arregló con alguien del cementerio para poder sacar de la fosa común el cuerpo de la melliza que no había sido identificada". Pero como Norma y Silvia fueron enterradas  juntas, entonces sacaron los dos cuerpos, porque no sabían cuál era su hija. "Por eso esa mamá se llevó los dos cuerpos al nicho donde estaba su hija asesinada primero".
En 1999, tras un largo trabajo de exhumación en el cementerio de Santa Fe, el Equipo Argentino de Artropología Forense (EAAF) logró identificar a Norma comparando sus restos con los de su hermana melliza.  Para identificar a Silvia le pidieron a Vilma una radiografía de columna. "Porque en los restos que no eran de Norma habían encontrado una característica en las vértebras muy particular". Con la radiografía compararon las columnas. "Eran iguales, con rasgos genéticos iguales".

Recuperación
La identificación se logró en agosto de 1999. Y en septiembre los restos de Silvia fueron trasladados a Oro Verde, a donde años antes se habían mudado sus padres. Para no dejar los restos de Silvia en la casa familiar, los llevaron a la sala de velatorio del pueblo. "Y al final terminó yendo todo el mundo ahí. Se armó un velatorio con flores y coronas, totalmente espontáneo".
"Eso fue muy fuerte, llorábamos todos los presentes, fue uno de los momentos cruciales", dice Vilma. "Yo no sé si no fue el primer cuerpo identificado y recuperado en la provincia", agrega. Y efectivamente lo fue. Ante la consulta de Telaraña, desde el Registro Único de la Verdad se confirmó que Silvia Wollert fue el tercer cuerpo identificado por el EAAF en el país. Antes se logró identificar a Carlos Luis Lahite en Buenos Aires en 1988 y a Blanca Josefa Zapata en Santa Fe en 1998. Silvia fue la primera entrerriana identificada.

El juicio
A fines de 2015, seis años después de recuperar a Silvia, Vilma declaró en la Megacausa Santa Fe. "Cuando entré a la sala de un lado estaban los abogados y fiscales y del otro, los acusados. Llegó un momento que no pude hablar más, era tanta la angustia que me puse a llorar y no podía seguir. Creo que fue por saber que ahí estaban los que habían participado del operativo donde asesinaron a Silvia. Eso fue muy fuerte y movilizador: era estar poniendo el cuerpo para defender la justicia y evitar la impunidad".
Vilma cuenta que puso mucho énfasis, todo el que pudo, en señalar que, tras el operativo, las víctimas fueron identificadas por los mismos victimarios. "Pero después ellos dieron la orden de inhumación como NN", apunta y remarca, no sin espanto: "ése era el mecanismo de desaparición que aplicaban".
"En el juicio remarqué eso: que nunca nos avisaron. Puse muchísima fuerza ahí y creo que sirvió, porque les dieron perpetua", recuerda. "Sus asesinos fueron juzgados y condenados".
El jueves 28 de abril de 2016 el Tribunal Oral Federal en lo Criminal de Santa Fe condenó al ex juez de Menores de Santa Fe, Luis María Vera Candioti, a los tenientes coroneles retirados Domingo Morales y Jorge Roberto Diab, al coronel retirado Carlos Enrique Pavón, y al comisario retirado Juan Calixto Perizzotti, todos los imputados en el juicio de lesa humanidad denominado “Megacausa” o “Causa Acumulada”, iniciado el viernes 10 de abril de 2015.

Memoria
"Silvia nunca vivió en Oro Verde, es decir, no tuvo vínculo con el pueblo. Sin embargo el pueblo, los jóvenes sobre todo, hicieron una apropiación de la figura de Silvia, de su nombre. Ahora hay toda una movida: en la escuela secundaria han  hecho muchas actividades trayendo la memoria de Silvia, incluso hay una agrupación política que se llama Silvia Wollert", cuenta Vilma. Ella cree que esto se debe a una "necesidad de memoria de los pueblos".
Quizá ese fue el motor de Vilma para la encarar la búsqueda, para ir indagando a partir de los escasos datos que tenía y de los otros pocos que iba obteniendo. Poco a poco fue hilando la historia de la desaparición de su hermana. Y así, finalmente, logró la recuperación de sus restos. Y de un tramo de la memoria de nuestro pueblo.


* Artículo elaborado en el marco del curso "Herramientas Periodísticas para comunicar juicios de Lesa Humanidad", dictado en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER)

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Comentarios:
Julia
11/11/2019 12:01
Abrazo inmenso Silvia.
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El camino hacia Silvia
Cuando Silvia Wollert desapareció, el 24 de marzo de 1977, en plena dictadura cívico-militar, Vilma tenía 13 años y vivía en Colonia Ensayo con su familia. Su hermana tenía 21 y estudiaba Trabajo Social en Paraná. Años después la menor empezó la búsqueda. Fue un "trabajito de hormiga" que encaró despacio y con muy pocos datos, que fue hilando hasta que en 1999 los restos de Silvia fueron identificados y recuperados.

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Baldosa en honor a Silvia. Se encuentra en la Facultad de Trabajo Social de UNER, en Paraná Baldosa en honor a Silvia. Se encuentra en la Facultad de Trabajo Social de UNER, en Paraná
Uno de los tantos recortes de noticias que guarda Vilma Uno de los tantos recortes de noticias que guarda Vilma