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Historias curiosas narradas en la Biblia
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viernes 01 de noviembre de 2019
Un caso de bullying, una burra parlante en una lección contra el maltrato animal y un llamado de atención para cuidar la salud. En este artículo, Ariel Vittor presenta su particular interpretación de tres pasajes de la Biblia.
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Por Ariel Vittor*

Jorge Luis Borges, habituado a no de privarse de lecturas, consideraba que la Biblia podía leerse como una compilación de relatos de literatura fantástica. Quizá tenía razones para tal aseveración, aún si consideramos su notoria propensión a lanzar provocaciones, desafíos y ambigüedades. Eduardo Galeano también decía que la Biblia podía leerse como una novela, más allá del contenido religioso que pudiera atribuírsele.

Ciertas historias bíblicas son más conocidas que otras, aún por quienes no frecuentan en demasía las páginas del libro más impreso, vendido y quizá leído, del mundo. El paso de Moisés y el pueblo israelita por el mar Rojo mientras huían de la persecución de los egipcios, por ejemplo, es una de las narraciones más célebres. Pero hay otras también dignas de ser leídas y contadas.

 

Un antiguo caso de bullying que termina de la peor manera

En 2 Reyes 2: 19-25, se cuenta la extraña situación vivida por un personaje llamado Eliseo. Subía nuestro protagonista por la pendiente de una montaña, en dirección a la ciudad de Bétel, cuando un grupo de muchachos salió a su encuentro y comenzó a burlarse de su calvicie, gritándole “¡ sube, calvo !, ¡ sube, calvo !” La situación exasperó al caminante, como exasperaría a cualquiera que esté subiendo una montaña con el sol dando de lleno en una cabeza desprovista de cabellos y con una banda de pillos divirtiéndose a costa de uno. Según la Biblia, Eliseo se volvió hacia los burladores y los maldijo. Nosotros podríamos sospechar que en realidad los insultó. Fue entonces cuando, sorpresivamente, de un bosque salieron dos osos que se abalanzaron sobre los muchachos, matando nada menos que a cuarenta y dos de ellos. Despreocupándose de la matanza, Eliseo continuó su camino tranquilamente, tal como lo había iniciado, hasta llegar a su destino.

Una moraleja apresurada de esta historia sería que nadie debería burlarse de los calvos. Una interpretación más contemporánea diría que no debe hacerse bullying, ni por calvicie ni por ningún otro motivo, a nadie.

Con independencia de cualquier parábola que pudiera extraerse, podríamos preguntarnos qué clase de osos eran los que ejecutaron la repentina y sangrienta venganza. Dado lo tórrido del clima del Oriente Próximo, podríamos conjeturar que no se trataba de osos polares. En tanto el oso pardo es el de mayor distribución en el mundo, al tiempo que también el de mayor agresividad, podríamos conjeturar que quizá hayan sido osos pardos los que atacaron a quienes se burlaban de Eliseo.

 

Cuando no había sociedades protectoras de animales

En Números, cap. 22, encontramos la historia del atribulado Balam. Primeramente, Yavé le ordena seguir a unos príncipes extranjeros, pero pronto se arrepiente y decide impedirle el viaje. Para ello, envía a un ángel con la misión de interceptar a Balam, quien marchaba a lomos de su burra.

Cuando el ángel se presenta en el camino, la burra huye aterrada a campo traviesa. Balam, que no puede ver al enviado de Yavé, persigue al animal y le propina numerosos azotes con una fusta para obligarlo a volver al camino. El ángel, decidido a cumplir la misión que se le ha encomendado, vuelve a aparecerse ante la burra, quien nuevamente se asusta, estrujando en esta ocasión la pierna de Balam contra una pared. El viajero, cada vez más enojado, la emprende una vez más a rebencazos contra la burra. El sufrido animal reanuda su marcha, pero a poco de andar llegan a un lugar que el texto bíblico describe como un desfiladero. Allí, entre pared y pared de rocas, está nuevamente el tozudo ángel. Imposibilitada de desviarse, la burra se echa bajo los pies de Balam y se niega a seguir marchando. Balam, ya fuera de sí, descarga toda su furia contra el animal, llenándolo de azotes por tercera vez.

Entonces se produce lo inesperado. La burra comienza a hablar e increpa a su dueño, acusándolo de haberla fustigado duramente en tres ocasiones. A esta altura de la historia, Balam ya no puede creer lo difícil que se le está volviendo ese viaje. Burra y amo se enfrascan en una áspera discusión, la primera argumentando que ya ha soportado demasiados rebencazos y el segundo diciendo que él es su dueño y que por tanto debe ser obedecido por el animal. El increíble altercado rutero se interrumpe con una nueva (y ahora, oportuna) intervención del ángel, quien logra apaciguar a los contendientes y transmitirle a Balam las nuevas instrucciones de Yavé.

Por curiosa que sea esta historia, deberíamos recordar que, antes de la burra de Balam, ya aparecen animales parlantes en la Biblia. El caso más conocido es el de la serpiente que habla a Eva, en el Génesis. Como sea, las sociedades protectoras de animales encontrarán en la historia de Balam un fundamento bíblico para su causa.

 

Los inesperados efectos de la obesidad

En Jueces 3: 12-25, se cuenta que Yavé, cansado de que los israelitas adorasen a falsos dioses, permite que el rey moabita Eglón los ataque, derrote y someta a una servidumbre que se extiende por dieciocho años. Arrepentidos, los israelitas suplican clemencia a Yavé, implorándole que los libere del opresor. Una vez más, Yavé se apiada del pueblo elegido y acepta acudir en su ayuda.

Obligados los israelitas a entregar un presente a Eglón, eligen a uno de los suyos, de nombre Aod, para hacerse cargo del trámite. Aod se pone entonces en marcha, pero bajo sus vestidos, pegado a su muslo derecho, se calza un puñal largo de doble filo. Ya en presencia de Eglón, el mandadero le sugiere que despida a sus asistentes pues debe contarle un secreto. El curioso y desprevenido rey moabita cae en la trampa y acepta quedarse a solas con Aod. Es entonces cuando el agente israelita extrae su arma y ataca a Eglón. Pero como el rey opresor era muy gordo, el puñal de Aod se hunde en su vientre, de modo tal que primero la hoja, luego la empuñadura y finalmente también el puño del atacante desaparecen en la gordura del atacado. Cumplida su terrible misión, Aod salta por una ventana y huye antes de que el séquito del rey se percate de lo sucedido.

No sabemos si puede extraerse moraleja alguna de la historia de Eglón y Aod. Los institutos de nutrición y las campañas para abandonar la comida chatarra y el sedentarismo pueden encontrar en esta historia un argumento (macabro ciertamente) para apoyar sus nobles causas. Por otro lado, el accionar del agente israelita Aod es digno de ser evocado por sus actuales colegas del Mossad.

 

Saldo

Como se ve, todas estas historias bíblicas son bastante extrañas y curiosas. Por cierto, no se trata acá de cuestionar qué tenían de cierto y qué de falso. En principio podemos aceptar la existencia de pillos que se burlan de un calvo, burras que huyen despavoridas y reyes obesos que son asesinados. Lo demás exige nuestra complicidad como lectores, del mismo modo que haríamos ante otra literatura. Qué sentido tendría, por ejemplo, leer Moby Dick objetando que nadie se embarcaría con un capitán tan obsesivo, o argumentar que es imposible que llueva tanto en el Macondo de Cien años de soledad.

Si esta nota logra que algunos lectores se interesen por las lecturas bíblicas, habrá tenido, al menos, una proyección piadosa.

 

*Ariel Vittor es licenciado en Comunicación social, investigador y docente universitario. Es autor del libro "Sobre la historia de la comunicación", de Editorial Fundación La Hendija.

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