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Cien por ciento gratis
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jueves 07 de marzo de 2019
Desapegarse de las cosas materiales. Compartir solidariamente. Experimentar el dar y recibir como un acto de amor, completamente alejado de la lógica comercial. Todo esto propone la gratiferia, una feria donde todo es gratis, un espacio anticonsumo que desembarcó en diciembre en Paraná y promete seguir: este mes se hará la cuarta edición.
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Silvina Mernes
Hay que romper con todo lo aprendido para comprender de qué se trata una gratiferia. Hay que dejar de pensar en términos de consumo, mercantilización, intercambio. De posesión, de acumulación. Hay que despojarse de la lógica ­tan arraigada de que sólo podemos obtener algo que queremos si entregamos otra cosa a cambio. 

Si bien la palabra misma transmite en forma explícita la idea (gratiferia=una feria que es gratis), se tarda unos segundos en entender de qué va concretamente.

La gratiferia no tiene nada que ver con el comercio, con comprar y vender. Conceptualmente, está en las antípodas del consumismo. Es una manifiesta y tangible expresión del anti-consumo. Y si bien es una forma de hacerle frente a la crisis económica que afrontamos por estos meses, tampoco es una versión renovada de los clubes del trueque que proliferaron en el 2001 en todo el país.


"Podés traer lo que quieras (o nada) y llevarte lo que quieras (o nada)", es su lema.  

"Tenemos  una especie de 'reglas' para participar", dice Natalia Garay, la responsable de que en Paraná funcione, desde diciembre pasado, una gratiferia en la plaza Sáenz Peña, a razón de una por mes. Y enumera lo que, más que reglas, son posibilidades: "Podés llevarte lo que quieras sin traer nada; podés traer lo que quieras y no llevarte nada; podés traer algo y llevarte mucho; o podés traer mucho y llevarte algo; o traer mucho y llevarte mucho; o traer algo y llevarte algo". 

La idea es que cada quien busque entre sus posesiones aquellas que no usa más, que ya no le gustan, que le sobran o que quiera desechar. El único requisito es que estén en buenas condiciones. "Si está para lavar, no está para la gratiferia. Si está para coser, no está para la gratiferia. Y si está para arreglar, tampoco está para la gratiferia", explica. 


Las gratiferias surgieron en Buenos Aires en 2010 de la mano de Ariel Rodríguez Bosio, su ideólogo y fundador. Para 2012 funcionaban decenas de ellas, principalmente en CABA y Gran Buenos Aires, pero también en Rosario, Córdoba, Mendoza, Chubut y Tierra del Fuego. Más tarde desembarcaron en los países limítrofes e incluso en España e Italia. 

A Paraná llegaron recién en diciembre de 2018. Natalia y su amiga Anakena decidieron hacerla antes de navidad con la idea de que quienes concurran "pudieran llevarse algún lindo regalito para las fiestas". Le pusieron de nombre "Gratiferia de regalos".

"Fuimos poquitos los feriantes esa vez", cuenta Natalia y comenta que en esa primera oportunidad la difusión se hizo de boca en boca. 

La dinámica de la propuesta es que cada participante lleve "una mantita o una sábana" para extender sobre el pasto y allí desplegar los objetos que se ofrecen. Y quien encuentre entre esos objetos algo que desee, que le guste o que necesite, sólo tiene que levantarlo y llevárselo. Así, sin más. 

"Esas cosas no se venden. No se acepta dinero, tampoco es un trueque. Solamente es compartir y colaborar llevando cosas que tengamos y ya no usemos", dice Natalia e invita a "empezar a revisar un poco nuestras posesiones, para encontrar esas cosas de las cuales despegarnos, que pueden ser tesoros para nuevos dueños".

En ese debut, que se hizo en plaza Alvear, costó muchísimo hacerle entender a los curiosos de qué se trataba. "La gente nos quería dejar cosas o dinero. Nosotras entendíamos que lo hacían como una forma de agradecernos, pero le explicábamos que la idea no era obtener algo a cambio, sino poder compartir. Porque es tan lindo que cuando necesitamos algo, lo podamos simplemente llevar, aunque no tengamos dinero. Y más en estos tiempos, con esta crisis", reflexiona.

Los resultados fueron "tan lindos" que decidieron seguir. Para la segunda edición, en enero, armaron una página en Facebook para ampliar la convocatoria. Y se mudaron: la cita esa vez fue en la Sáenz Peña. "Nos pareció un lugar muy bueno. Teníamos iluminación, mucho más espacio, estaba bien distribuida, no jodíamos el paso de la gente. Un lugar bien tranquilo y amplio". Tanto les gustó que la adoptaron para las siguientes. 

La tercera fue el sábado 16 de febrero. "Y ahora ya estamos para la cuarta, que será el domingo 24 de marzo", anticipa Natalia y se le nota el entusiasmo. "Vamos a probar cómo sería hacerla un domingo, porque hasta ahora la hicimos los sábados por la tarde. Me parece que va a estar bueno un domingo".

¿Qué se puede llevar a la gratiferia? "Libros, revistas, poemas impresos, artículos de perfumería,  juguetes, parches de serigrafía, bijouterí, calzado, ropa, accesorios, adornos, comidas tipo tortas, budines o alfajores, alimentos no perecederos, semillas para plantar, plantitas, obras de arte, cds, tecnología, herramientas, máquinas, muebles. Todo lo que tengas en tu casa y se te ocurra que otro puede necesitar", enumera Natalia. Y agrega: "Cualquier cosa buena, linda y útil que no usemos". La lista es tan heterogénea y larga como la cantidad de elementos que existen en el mundo. O incluso más. "También podés hacer una performance, masajes, cortes de pelo, dictar talleres, poner mesas informativas, proyectar películas, dar funciones de títeres, de danza, juegos, picnics, conciertos".

La clave, dice Natalia, es "que el pasaje de manos sea a través del amor". Porque el fin último de los gratiferiantes es "generar un mundo libre de dinero". O, al menos, salirse por un rato de esa lógica comercial que todo lo rige.
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