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Los olvidados, más olvidados
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viernes 20 de mayo de 2016
El Renatea, el organismo que ha rescatado y asistido a miles de peones rurales explotados, está desapareciendo. Sus trabajadores son echados a la calle, al tiempo que se disuelve una política pública que pretendía dignificar a quienes toda la vida han sido esclavizados, relegados y ocultados.
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Alfredo Hoffman

Campo adentro, perdidos en medio de una estancia, entre plantaciones de eucaliptos o quintas de arándanos, están los eternos olvidados. Son los trabajadores rurales que pasan frío, calor, hambre, enfermedades; los que duermen arriba de unos palos cruzados o hacen sus necesidades en el monte, a cambio de un sueldo miserable, y todo para que los patrones sean un poco más ricos de lo que ya son. Pues bien, cuando hubo un organismo del Estado que empezó a desandar ese camino de olvido y explotación, llegó primero un fallo de la Corte Suprema de Justicia y luego la esperada decisión política de desmantelarlo y echar a los empleados.

El Registro Nacional Trabajadores y Empleadores Agrarios (Renatea) está desapareciendo. El gobierno nacional homologó un acuerdo entre este organismo y el gremio UPCN que permite despedir entre 600 y 800 empleados, 25 de ellos en Entre Ríos. Así buscan acatar el fallo de la Corte a favor del recurso presentado en su momento por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales (Uatre) que conduce Gerónimo “Momo” Venegas. Aquella sentencia de noviembre del año pasado ordenó restablecer el viejo Renatre que Venegas manejaba junto a las entidades rurales. Parece obvio mencionarlo: no solamente mandan a la casa a cientos de personas; también dejan nuevamente desamparados a los miles de argentinos e inmigrantes que son explotados a diario en los emprendimientos agropecuarios.

Pablo Cabrera trabaja en la Delegación Entre Ríos del Renatea desde el 1 de junio de 2013. Se desempeña en el área de fiscalización. Es uno de los que van a los campos, hacen relevamientos de trabajadores, dialogan con los productores e intervienen en los casos de trata de personas, trabajo infantil, reducción a la servidumbre, explotación laboral y otras situaciones de vulneración de derechos fundamentales en que suelen incurrir los empleadores. La misma semana que Pablo se enteró que se quedaba sin trabajo, debió declarar en una causa federal por trata, que se inició con una denuncia de la repartición tras una inspección en una quinta de arándanos.

—Hace un tiempo —cuenta Pablo— intervenimos en un conflicto laboral en Calabacilla, Concordia. Cuando llegamos al lugar, donde estuvimos cerca de 36 horas en el campo, nos encontramos que había 86 jujeños en posible situación de trata de personas. Habían sido reclutados en Jujuy a través de un engaño, de promesa de trabajo, de buen sueldo y buena vivienda. Habían sido trasladados ilegalmente, evadiendo todo tipo de controles, y estaban sufriendo situación de explotación. El baño no era un baño, eran divisiones de chapa, sin inodoros, y que tenía un desagüe que era un caño de un metro y medio de largo y toda la materia fecal estaba esparcida en el pasto que rodeaba el baño. En el interior de la vivienda, que tenía capacidad para 10 personas como mucho, había 45 trabajadores. Había tres viviendas en esa misma situación. No había camas. Había palos clavados, que los propios trabajadores clavaron para poder dormir no en el piso.

Sobre esta situación debió dar testimonio ante la Justicia Federal hace pocos días. Relató entonces todo lo que lo conmovió de esa inspección. Porque por más que hayan recorrido varias decenas de establecimientos agropecuarios y hayan visto numerosas variedades de condiciones de vida deplorables, siempre retornan a sus casas con un nudo en la garganta.

—En la declaración —sigue Pablo— nosotros decíamos que había garrapatas en la casa. Y nos preguntaban: “¿Cómo te diste cuenta de que había garrapatas”. Porque nosotros veíamos una pared blanca, donde había puntitos negros que se movían, caminaban. Vos lo visualizabas desde lejos, de tantas garrapatas que había. Es doloroso, porque el Renatea, más allá de la situación nuestra, significa la posibilidad de transformarle la realidad a una persona que estaba sufriendo. Si nosotros no íbamos, nadie podía identificar que esos trabajadores estaban siendo víctimas de trata de personas.

Se estima que hay cerca de 15.000 cosechadores de arándanos en aquella zona de Entre Ríos, por cada temporada de 20 a 25 días. El 90 por ciento llega de otra provincia y de otros países. El 80 por ciento, por ser generosos, no están inscriptos y mientras dura el trabajo permanecen sin las garantías de una vivienda con seguridad e higiene. Tampoco tienen asegurado un sueldo digno: para conseguirlo deben hacer entre 15 y 20 horas al día, en una época del año donde el sol y el calor pegan fuerte. Y siempre hay, donde parece que ya no pudiera haberlo, alguna violación de derechos extra.

—Los trabajadores de Jujuy —completa Pablo— están acostumbrados a una determinada temperatura, por lo cual es más productivo para el empleador que vengan de afuera. Porque toleran más el calor y pueden cosechar mayor cantidad de bandejas. Ahora, la bandeja del trabajador de Jujuy vale menos que la bandeja del trabajador de Concordia. Hasta esa discriminación ejerce el empleador.

Las situaciones que sorprenden y conmueven se repiten insistentemente. Mariano Schmidt, del área de Comunicación y Relaciones Institucionales del Renatea, hablando un poco en presente y otro poco en pasado, como quien no termina de aceptar su inminente salida del organismo, recuerda:

—Uno recuerda situaciones muy puntuales. Un trabajador de la forestal, en Concordia, de 55 años, es decir a dos años de jubilarse, escondido entre las ramas cuando veía llegar las camionetas de la inspección, por temor a que el empleador se enojara y lo echara. Hay un trasfondo cultural muy grande que comenzaba a ser cuestionado, porque la explotación laboral, la naturalización de las relaciones de poder, estaba sustentada entre otras cosas por el Estado puesto al servicio de estas relaciones.

—Nosotros lo que hacíamos era la difusión de los derechos, la difusión de la ley, el amparo de los trabajadores y las trabajadoras —dice Gladys Beneitez, del área de capacitación y formación—. Todos sabemos que en los campos el varón trabaja y la mujer entra en el mismo combo y se invisibiliza su salario. No tiene ningún derecho, si tiene que ir a parir, bueno, que vaya rapidito y vuelva porque tiene que seguir cocinando. De esto se encargó nuestra área en estos tres años y pretendemos seguir haciéndolo.

Dos paradigmas

Pablo, Mariano y Gladys quieren seguir siendo servidores públicos. Están comprometidos con su tarea y con la política de Estado que le dio sustento. Así lo expresaron en una extensa entrevista con el programa La Venenosa de Radio Comunitaria Barriletes. Pero desde el 10 de diciembre el paradigma instaurado es otro. Para el gobierno, ahora ellos son un gasto que debe ser recortado.

El acuerdo entre UPCN y la administración que encabeza Mauricio Macri les quitó la posibilidad de optar por la reubicación en otras dependencias del Estado, al modificar el artículo 19 del convenio colectivo de trabajo que así lo preveía. Sólo les queda la indemnización, o sea, el despido.

—Son dos paradigmas distintos —explica Mariano Schmidt—. El Renatre era un organismo no estatal, que emitía la libreta de trabajo agrario, la prestación por desempleo y el servicio de sepelio. Que estaba integrado por la Uatre, un directorio con dos síndicos del Estado y un representante de las entidades patronales: Sociedad Rural, Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas y Federación Agraria. Tercerizaba las tareas de registración, fiscalización y capacitación de los trabajadores. Cuando se sancionó la Ley de Trabajo Agrario, el Renatre fue absorbido por Renatea, y estas tareas que antes las hacían empresas privadas con fines lucrativos pasaron a la órbita del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación. Ahora con la vuelta atrás el Estado pierde la capacidad de controlar como árbitro de las relaciones laborales. Y no solamente nosotros perdemos nuestra fuente laboral, sino también la sociedad pierde una camada de gente que estaba decididamente dedicada al servicio público. Es muy sencillo decir que con el Renatre había 300 trabajadores y con el Renatea, 1200. Claro que sí, y todavía somos pocos para lograr hacer un abordaje mucho más amplio.

Muchos Cornejos

No se puede dejar de pensar, en este contexto, en los hermanos Sergio y Antonio Cornejo, y en cuántos Cornejos más seguirán haciendo trabajo esclavo sin una herramienta estatal que los rescate. Ellos vivieron 38 años explotados en el campo La Ollita, cerca de Rosario del Tala. Allí la familia Etchevehere los mantenía en similares condiciones deplorables que las que enfrentan, por ejemplo, los cosechadores de arándanos de Calabacilla, hasta que fueron asistidos por estos trabajadores. Como se sabe, Luis Miguel Etchevehere es presidente de la Sociedad Rural Argentina y aliado del presidente Macri.

—Hacía 38 años que estaban ahí —recuerda Mariano—. Un trabajador de Jujuy viene durante el periodo de cosecha del arándano y vive ese tiempo en condiciones absolutamente precarias. Estos son 38 años. Ustedes imaginen que no vieron jugar a Maradona. No tienen acceso a la luz, a la televisión. Tuvo que llegar el Estado, una política pública, para que puedan cobrar un poco más de 450 pesos, que es lo que le pagaban cada tanto, darle la prestación por desempleo, la ley 4035 y tramitarle la jubilación a uno de ellos, para que al menos puedan tener ingresos para sobrellevar la vida y no depender de la caza y la pesca como estaban.

Pablo retoma el relato. Se ve que se emociona. El dolor y la bronca le brotan de la voz:

—Yo soy de Rosario del Tala, a seis kilómetros de La Ollita. Para mí termina siendo algo muy personal. Yo tengo 30 años. A los 27 años me entero que había tipos explotados a pocos kilómetros de mi casa. A mí me angustia la situación. No sabían leer ni escribir. Ellos no tenían el DNI; cuando fuimos a hacer el trámite del DNI, los ayudábamos a dibujar las letras para que pudiera firmar. El servicio público no es un trabajador burocrático que termina sus cosas y se va. Es mucha responsabilidad, es mucho compromiso, es estar en tu casa buscando estrategias para poder abordar la situación que viviste el día anterior. Porque el trabajador agrario, muchas veces, vos te vas de la fiscalización y sigue estando ahí. Y para muchos se oculta, es una persona totalmente olvidada, la distancia territorial tal vez genera ese olvido, la naturaliza.


Fotos: Documental "Los Cornejo", del ciclo "Herencias de Lucha".

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