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El kilómetro infinito
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martes 19 de abril de 2016
Esta es la historia de Adrián García, un entrerriano que viajó decenas de miles de kilómetros en su moto, hizo amigos en toda América, y la muerte lo sorprendió cuando iba a trabajar por una ruta de Santa Fe. El drama de los sueños y proyectos que la inseguridad vial fulmina con cada muerte evitable.
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Alfredo Hoffman

El último kilómetro de Adrián fue en una ruta santafesina. No fue en ninguna de las miles de rutas que recorrió por países de todo el continente americano, por montañas, paisajes nevados, desiertos y selvas. Fue en una recta de la pampa húmeda, con buena visibilidad. El conductor del auto que apareció por detrás de un camión lo embistió de frente y le arrebató la vida. Menos de tres meses atrás había cumplido un sueño: llegar a Alaska en su moto BMW GS 800 y regresar sano, salvo y lleno de anécdotas a su San Salvador.

La moto era una de sus grandes pasiones. Cuentan que la cultura del viaje sobre dos ruedas era parte de su personalidad, su vida misma. Otra devoción eran sus amigos, que día a día dejan sus recuerdos y mensajes de afecto en su muro de Facebook.

El muro de Facebook de Adrián García es ya como un monumento en su honor. O como un santuario motoquero. Ahí están las fotos de sus aventuras, de su sonrisa amplia y de los paisajes imponentes que conoció. Por allí pasan de visita sus amigos de la 18 Moto Club, de Sansa y de cualquier lugar del mundo y le dejan unas palabras o alguna imagen inmortalizada de un momento compartido, como quien deposita una flor en una tumba.

Este lunes 18 de abril hubiera cumplido 38 años. Muchos aparecieron una vez más por allí para dejarle un abrazo, desearle un festejo eterno, añorar una cerveza junto a él o jurarle a los demás que, en ese momento, el cielo estaba de fiesta.

Ahí está, publicado como uno de esos tantos homenajes, el video registrado el 21 de mayo de 2015 a las 9 de la mañana. Ahí se lo ve a él y a Julián Paltenghi hacer sonar los motores, tocar bocina y perderse en una calle del pueblo entrerriano, como despedida de su última gran aventura, la que lo llevó hasta Alaska.

Le decían El Ruso, El Gringo o El Gurí. Era ingeniero agrónomo. El domingo 14 de febrero salió de su casa en San Salvador rumbo a San Javier (Santa Fe), en la misma BMW GS 800. Iba a trabajar. Pasadas las 8 de la noche, en Colonia Mascías, en el tramo final del viaje por la ruta provincial 1, alcanzó el kilómetro infinito. Un Fiat Palio que iba por el carril contrario inentó sobrepasar a un camión y lo chocó de frente. En el auto manejaba un hombre de 35 años con su familia, quienes sufrieron heridas leves.

Viajar

El Gurí abrazado a otro motoquero, los dos envueltos en grandes camperas y pantalones impermeables, saludando con los pulgares en alto a una cámara que se autodispara en el piso de una ruta mojada. El Gringo levantando el puño detrás de su enorme moto, de donde cuelgan la bandera argentina que tiene escrito el nombre de su ciudad de origen y una campera de cuero con el logo de La 18, y delante de un cartel de madera que promete un “Welcome to Alaska”. El Ruso brindando en un bar mexicano con un amigo que en Facebook se llama Matías Motodestino Hardy. Devorando un choclo en Cartagena de Indias. Con Medellín de fondo, desde lo alto. Tomando mate en algún lugar de Latinoamérica. En la casa que habitó Perón en el exilio en Panamá. Rodeado de niños en Guatemala. En el cielo del Gran Cañón del Colorado. Rodando en la ruta 66. Siempre con la máquina cargada de bolsos y la llave pendiendo del cuello.

En ese viaje por las Americas Julián Paltenghi lo acompañó hasta Medellín, Colombia. Allí dejó su moto y regresó a Argentina. Cuando Adrián volvió, él viajó nuevamente hasta Medellín, lo esperó y siguieron bajando juntos hasta San Salvador. “Fueron 35 días que compartimos de ida y 30 días de vuelta”, recuerda en diálogo con Telaraña.

“Era muy fanático y responsable por su trabajo”, dice, pero eso no le impedía hacerse el tiempo para viajar. “Cuando decidió hacer esta aventura de recorrer el continente, renunció a su trabajo para tomarse esos meses para vivirlos de plena aventura, sin saber exactamente qué era lo que iba a hacer cuando regresara. Sí tenía muy claro que volvía a San Salvador e iba a buscar algún trabajo relacionado a lo suyo como para zafar un tiempo, porque la campaña agrícola ya estaba por la mitad y no era fácil conseguir algo”. Encontró empleo a 370 kilómetros de su casa, en la localidad santafesina de San Javier.

Aquél fue el viaje más largo que hizo pero no el primero. Antes había transitado por caminos de varias provincias argentinas. Tampoco debía ser el último. “No es tan importante lo que hizo, sino lo que iba a hacer”, asegura Julián. “Él volvió de este viaje con la cabeza más abierta. Era un tipo que estudió y trabajó; todo su vida había sido así, hasta que hizo este viaje y volvió con ideas de hacer más, sumergirse en más travesías. Quería ir a Europa y África, entre otros lugares”.

Parece inevitable preguntar si Adrián era prudente al conducir. Por la ventana del chat, desde la Capital del Arroz, afirma: “Está de más decirlo, sí, un tipo muy prudente. Él siempre estaba corrigiéndome errores en el viaje que hicimos juntos. Cositas que uno no tenía en cuenta, por ejemplo: '¡che loco, te acercás mucho a los camiones antes de pasarlos! Tomá mas distancia'”.

Se conocieron hace cinco años, en el taller mecánico de un amigo en común. En ese mundo de motores forjaron la amistad. “Lo recuerdo como un gran tipo, uno de esos que son de palabra, responsable, honesto y sobre todo buena gente. Que iba pa delante. De pocas palabras, pero siempre justas. Je!”.

El 8 de abril, luego de casi dos meses de reclamos, amigos y familiares consiguieron reunirse con la fiscal que entiende en la causa, Milagros Parodi, en los tribunales de la ciudad de Santa Fe. La funcionaria no sabía de qué accidente le hablaban. La investigación está parada. Es que además de mantener la memoria, los muchos que extrañan a Adrián lo que quieren es justicia.

Al Gurí le arrebataron la vida en el kilómetro 122 de la ruta 1. Ése fue su kilómetro infinito. Pero muchos otros encuentran todos los días su kilómetro infinito. No hay campaña mediática que alcance, no hay leyes ni controles que pongan freno a la masacre lenta y permanente de quienes mueren en las rutas. Los sueños, los proyectos de vida, las esperanzas de muchos ciudadanos, como los sueños, proyectos y esperanzas que Adrián honraba, se apagan en un segundo. Pasa todo los días. A toda hora. En 2015 murieron en las rutas 21 personas por día, casi una por hora. La solución no aparece en el horizonte. Los ciudadanos vivimos bajo esta silenciosa amenaza de muerte; solamente contamos con la organización de quienes, desde el dolor, buscan cambiar la historia.

Y además de justicia y de justicia sin dilaciones, la familia, amigos y compañeros reclaman un trato más humano y respeto por los motociclistas. “Mi vida no vale menos sólo porque vaya en un vehículo de dos ruedas”, sostienen.

Fotos del muro de Facebook de Adrián García

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Comentarios:
Alba
20/04/2016 13:06
Gracias por esta reseña....aunque la lea con ojos empañados ..por las lágrimas y tanto dolor...yo...su mamá...agradezco esta publicación.Es el último año de su vida....pero su PASIÖN por las motos data de toda su vida..es parte de su ser...hasta llegar al Km. infinito.....Que su alma descanse en PAZ rodeada de LUZ...como la de otros tantos....
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El kilómetro infinito
Esta es la historia de Adrián García, un entrerriano que viajó decenas de miles de kilómetros en su moto, hizo amigos en toda América, y la muerte lo sorprendió cuando iba a trabajar por una ruta de Santa Fe. El drama de los sueños y proyectos que la inseguridad vial fulmina con cada muerte evitable.

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