Telaraña | eriodismo narrativo
jueves 23 de noviembre de 2017 | 20:50

Informes Miradas Perfiles Imaginarios
Memoria Género Política Justicia Cultura Trabajadores Vida Cotidiana
Los tambores de un tal Marcos
Volver...
viernes 12 de febrero de 2016
La Kachimba es un taller de candombe de un pueblo uruguayo llamado Aguas Dulces. Funciona en la casa de un candombero ausente.
Imprimir

Fernando López

Se llama Aguas Dulces y es un pueblo uruguayo mojado de mar, que antes era iluminado por las luces de los faroles y en el que la gente sacaba agua de esos pozos que llamaban cachimbas. Es hoy un lugar donde una calle se convierte en peatonal, donde hay unas cuantas proveedurías y unos pocos artesanos. A las 20:30, según dice un pizarrón puesto en un bar, habrá toque de candombe: la “cuerda” partirá desde la casa de Marcos, anuncia el cartel.

En esta noche de luna creciente, me dicen que debo doblar en un pasillo y entro. Pero este pasadizo no termina en la playa como casi todos los demás, sino en un patio. Aquí hay un fuego y un árbol, y cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad, veo que alrededor de las llamas hay tambores formando un círculo anaranjado que se asemeja a una pintura primitiva. Cerrando un segundo anillo, mujeres y hombres charlan. No son más de diez, que beben cerveza y vigilan los instrumentos.

Cruje la fogata y cerca de su calor alguien golpea el cuero, prueba los parches: “Sabes cuando está listo porque conoces el sonido. La madera también influye: mientras mejor es, también lo es la calidad de la resonancia, se vuelve más nítido y más dulce. Este es el mío, es un 'chico', está muy bajo, pero tiene que sonar de esta manera”, me explica mientras toca dos tambores. No le pregunto el nombre, lo noto demasiado concentrado en templar los instrumentos. Me queda resonando la palabra “dulce”. También me dice que en esta casa, el hogar de Marcos, funciona un taller llamado La Kachimba, que a veces son más los que se juntan a tocar, pero que el promedio es el de esta noche, unos 15 músicos. “Hubo veces en que llegamos al doble”, aclara.

A metros de donde estoy parado una mujer sentada mira las llamas. Le pido permiso para entrar a la casa y distanciarme del cuadro. Adentro una chica con un pañuelo atado en la cabeza pellizca una focaccia redonda de una canasta. El lugar parece una gran cocina. Cerca de otra puerta que da al mar, un hombre cose un tambor. En la boca del instrumento florece un cuero y el hombre lo atraviesa con la aguja. La pieza está semioscura y es mínima la distancia entre los ojos del artesano y la punta. Saco unas fotos, pero trato de interrumpir lo menos posible la labor.

Busco a alguien que me explique de qué se trata este lugar y se me acerca uno de los músicos, que pienso que quizás sea Marcos, que me cuenta que el taller existe desde hace once años. Nos sentamos en una escalera de madera mirando al que arregla el tambor. Se escuchan, desde el frente de la casa, que da a la playa, los sonidos de unos tambores gordos, piano.

Su nombre es Mateo, no tiene más de treinta años, y mientras hablamos pica con los dedos un puñado de marihuana contenido en la otra mano hecha un cuenco: “Los más veteranos se juntaron a tocar hace unos años. Organizaban rondas de tambores y se acercaba todo el que quería. Los pioneros eran Los del Teorema, una barra de Montevideo que siempre venía a Aguas Dulces y que después les fue enseñando a los demás. Ahí aparecieron Marcos, el Negro Saralegui, entre otros. Luego, cuando organizaron talleres, aparecimos nosotros”, dice.

Ahora Mateo se da vuelta y me muestra su remera. Tiene un dibujo tipo stencil de un hombre con barba blanca y una boina. Tiene los ojos entrecerrados. Es cuando me entero de que esta noche no me encontraré con Marcos. “Estamos en esta, que es su casa, como homenaje, aunque el taller siempre fue cambiando de lugar. Marcos Saldain daba los talleres todo el invierno desde hacía unos años. Cuando estábamos jugando al bolo era el que nos juntaba a todos, hacía el fuego y nos convocaba, se ponía las cosas al hombro y las llevaba. Y tá... le dio cáncer y se murió en noviembre. Por un lado, es como que todo está muy triste, pero, por otro, es como que nos unió”, me cuenta y baja la cabeza. Me dice además que la idea es seguir enseñando como lo hicieron Marcos y los primeros percusionistas.

Mateo mira hacia afuera y pide “hojillas”. Los músicos se ríen y él se les une. Ya es la hora de salir a tocar, han pasado unos 30 minutos desde que llegué a la casa. El grupo ya desfila por el pasillo. Afuera una chica con un micrófono arenga a unos turistas que miran un espectáculo callejero. Así salen los músicos a la calle, los instrumentos al hombro o colgados a la espalda, a alegrar al pueblo, con el recuerdo de Marcos Saldain, el dueño de la casa, el que dicen que gritaba “Hoy viene el pichaje, ¡vamo los tambores!” y que sigue movilizando La Kachimba cada noche.


Fotos: Fernando López

Compartir en Facebook



Nombre  
Email
Comentario



Comentarios:
Beatriz
13/02/2016 19:05
Estuve ahí este carnaval. Me retumbaron los tambores en el pecho, me mojé en el agua del océano y me dejé llevar por el embrujo del candombe "cachimbero", por el aire peculiar del pueblo y por la energía positiva, tranquila, poderosa y limpia de Aguas Dulces. Hasta el próximo carnaval, un abrazo fraterno desde São Paulo!!!
Sofía
12/02/2016 21:32
¡Excelente artículo! Sin dudas nos movilizó a todos los kachimberos esta perspectiva de nuestro taller-comparsa. ¡Gracias! Por otro lado, una pena no haberme cruzado con vos ya que estudio Comunicación y quiero dedicarme al periodismo narrativo. Ojalá se de en algún momento. Abrazo
nadia mozo
12/02/2016 20:07
Marcos es mucho màs que esa nota,,ojalà escribas su paso por este mundo,en todo lo que dejo su marca,en todo lo que enseño .se dedico a niños,siempre,le agradezco de todas maneras,,lo homenagearon,,gracias,,pero Marcos es mucho màs...
Subir...
Los tambores de un tal Marcos
La Kachimba es un taller de candombe de un pueblo uruguayo llamado Aguas Dulces. Funciona en la casa de un candombero ausente.

Remitente  
Destinatario   email
Comentarios (opcional)  
Volver...