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Recuerdos en un cuento
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miércoles 11 de noviembre de 2015
Explorar la casa de los abuelos; intentar descifrar misterios; descubrir objetos extraordinarios; imaginar aventuras fascinantes. Los recuerdos de su propia infancia inspiraron a Fernanda Puglisi al escribir su primer cuento para niños, “Tina y la palometa encantada”.
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Silvina Mernes

“Tengo un proyecto, pero te lo voy a contar más adelante, cuando esté más firme”. Quizás no exactamente con esas palabras, pero algo así me dijo la última vez que nos encontramos para charlar, un par de meses atrás. Recordé vagamente esa frase cuando, el viernes 30 de octubre a media mañana, vi en Facebook el anuncio del lanzamiento de un libro de cuentos para niños de la colección Pelota Chamba, de Editorial Fundación La Hendija.

“Tina y la palometa encantada”, se leía en la tapa del libro. Y debajo, con tipografía un poco más pequeña: Fernanda Puglisi. Tuve que examinar dos veces el nombre de la autora, tuve que chequear que fuera mi amiga y no una homónima.

La conozco hace más de 20 años, es una de mis amigas de toda la vida, nos sabemos de memoria defectos, virtudes, casi todos los gustos y absolutamente todos los enamoramientos y las decepciones amorosas. Pero a este proyecto ni me lo imaginaba.

—Mi amiga nunca deja de sorprenderme— le digo y ella se ríe.

—No quería decir nada porque no sabía cuánto se iba a demorar. No sabía si el proceso de publicación era corto o largo. Capaz te decía y pasaba un año— explica.

Pasó algo más de un año desde que escribió la historia hasta que el libro salió a la venta. La inspiración le llegó en el mismo momento en que leía la convocatoria lanzada por La Hendija. Le pregunto por qué un libro para niños y responde que la convocatoria era para eso y que el libro prácticamente se escribió solo.

—Pero que haya una convocatoria para escribir cuentos para niños no significa que te sientas interpelada— le señalo. Ella piensa un par de segundos antes de contestar.

—Tal cual, es cierto. Se ve que era algo que yo ya tenía… Aparte lo escribí de una. Después lo fui corrigiendo, por supuesto. Pero me salió re natural, era como que me tenía que sentar a escribirlo, nada más.

 

Y es que su propia infancia inunda el texto. “Es una historia bastante autobiográfica, es una especie de homenaje a mis abuelos maternos. De hecho, Tina le decían a mi abuela. Se llamaba Agustina y le decían Tina. En este caso el personaje vendría a ser un alter ego mío”.

Sus veranos en Córdoba junto a sus hermanas, la emoción de quedarse solas con los abuelos mientras los padres se iban unos días a las sierras, las aventuras en una casa fascinante llena de souvenirs traídos de todo el mundo, un lugar que para Fernanda se parecía mucho a un museo.

Uno de esos objetos inquietaba mucho a Fernanda niña. “Era una especie de piraña, con la boquita abierta, con sus dientes, con los ojos amarillos. Me daba miedo. En realidad era una mezcla de atracción y miedo”. Quizás esa combinación de sentimientos la estimuló a introducir al animal en la historia. Recordó aquella vez que  Maxi, su compañero de la vida, fue mordido una palometa en el Parque General San Martín. Y así, de una combinación de recuerdos lejanos y cercanos, nació su otra protagonista.

 

Ilustraciones Carla Felicidad, se lee en la tapa del libro. Predomina un verde claro que me remite al cielo y al río. Creo que de ese color se vería la mezcla de ambos. El suelo amarillo como arena, pero con rayitas verdes como pasto. Un par de nubes esponjosas. Y Tina, de vestido rojo, medias rayadas y el pelo bien negro, sosteniendo con una sola mano un pez más ancho que ella misma.

“Cuando me dijeron que se iba a publicar, pensamos en quién podía ilustrar la historia. Pensé en Carlita Felicidad, Carla Brugo, que es una diseñadora de acá. Empecé a ver sus dibujos y me encantaron. Le escribí y le pregunté si le gustaría ilustrar el cuento. Me respondió que sí, que le encantaba la idea”.

Y allí iniciaron el camino juntas, cuenta Fer. Un trayecto de mucho trabajo, porque el resultado debía contener ni más ni menos que “la conjunción de dos visiones: la visión de ella y lo que yo me imaginaba”.

 

“Tina y la palometa encantada” es el segundo libro de Fernanda. El primero, de poesías, se titula “Expediciones botánicas” y fue publicado en 2010 por Abrazo Ediciones, editora que dirige junto a su compañero Maxi Sanguinetti.

Es además el tercer título de la colección Pelota Chamba, de la Editorial La Hendija. Los otros dos son “Piedra gris”, de Mario Bozzi, y “Los sauces y la luna... y otros cuentos”, de María Noel Balla.

 

Fer todavía se pregunta, y no logra descifrar, por qué este libro “apareció” en este momento de su vida. Porque así lo siente, como algo que no necesitaba pero que deseaba, como algo que no buscó pero que esperaba. De algún modo relaciona la creación literaria con la maternidad. Y a la maternidad la considera una paradoja. “Porque de ser una de las responsabilidades más grandes de la vida, sino la más importante; de ser una vivencia muy intensa, para toda la vida y de muchísima responsabilidad; a la vez uno vuelve a ser niño, porque volvés a jugar, ahora con tu hijo. Volvés a hacer un montón de cosas que no hacías hace rato, como colorear, recortar, pegar, tirarte al suelo, hamacarte. Te convertís en un ser hiper responsable, porque hay una vida que depende de vos, y a la vez es como que revive la parte creativa o ese corazón de niño, porque jugás con tu hijo. Entonces yo lo relaciono con eso, con la parte niña mía. Esto se relaciona directamente con mis recuerdos de infancia. Como que se dio todo, la convocatoria, la historia, el tema de mi maternidad. Pensé en eso”, explica.

También pensó en Vera, su hija. “No es que me imagino que Tina es Vera, pero tengo una parte sensible con el tema de mi infancia. La existencia de Vera me ha conectado más directamente con eso, que uno lo tiene, pero por ahí está más dormido”.

 

Por ahora no sabe si habrá una continuidad, si Tina vivirá más aventuras. “No tengo idea qué va a pasar”, dice y levanta apenas la mirada. Adivino en ese sutil gesto una pizca de confusión ante mi pregunta. Supongo que de verdad no lo ha pensado. Eso de algún modo me alegra. A veces yo también logro sorprenderla. Y entonces desliza, muy suavemente y casi como al pasar, un “estaría bueno”.


* “Tina y la palometa encantada” se puede conseguir en Librarte (Shopping La Paz) y Librería Del Ateneo de Paraná (Buenos Aires 32). También se puede adquirir por internet, a través del sitio web editorial.lahendija.org.ar.

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