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jueves 17 de septiembre de 2015
Las fuerzas de seguridad ¿buscaron? durante cuatro años y medio a un hombre vinculado a un caso de trata de personas. Pero recientemente se comprobó que el supuesto rebelde de la Justicia Federal no era tal cosa: el verdadero prófugo es alguien que dijo llamarse como él, nadie le pidió documentos y después huyó.
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Alfredo Hoffman

Cuando en noviembre de 2014 Leonardo Javier Borda, albañil y pintor, llegó a una comisaría de Pergamino, en la provincia de Buenos Aires, se encontró a sí mismo. Fue a pedir un certificado de buena conducta, como cualquier pergaminense que necesita ese papel para iniciar un trámite. Un policía le tomó sus datos, luego ingresó su nombre y apellido en la red Isopro, donde se vinculan las órdenes judiciales de todo el país, y el sistema devolvió que se trataba de un imputado por infracción a la Ley de Trata, declarado en rebeldía por el Tribunal Oral Federal de Paraná en 2011. Nada menos. Leonardo, sorprendido, intentó explicar que no tenía nada que ver. Pero le informaron que tenía cinco días para presentarse en la capital entrerriana y regularizar su situación procesal.

***

Poco antes de la medianoche del 2 septiembre de 2008, una empleada de la whiskería Tentaciones de Strobel tomó el teléfono y marcó el número de la comisaría del pueblo, todavía conmovida por lo que acababa de suceder. Informó que dos hombres habían golpeado y se habían llevado por la fuerza, en una moto, a otra muchacha del local. Los policías se movieron rápido y en forma coordinada entre los destacamentos de las localidades de la ruta 11. Los de Oro Verde fueron quienes alcanzaron e interceptaron a los dos captores motorizados con su víctima. La chica dijo que se la habían llevado contra su voluntad y denunció a uno de los dos como el autor de los golpes que recibió y las amenazas. Así, quedaron detenidos. Uno dijo llamarse Emanuel Baldomir –el golpeador– y el otro, Leonardo Borda.

Baldomir había tenido una relación con la muchacha, habían convivido durante un año en Santa Fe y durante ese tiempo él la obligaba a ejercer la prostitución. Por eso ella escapó y él la fue a buscar, con la ayuda de quien dijo apellidarse Borda.

La Justicia Federal de Paraná imputó a los dos hombres por el delito de “Traslado de una persona para su explotación sexual”, contemplado en el artículo 145 bis del Código Penal de la Nación. Ambos quedaron en libertad.

En febrero de 2011 se hizo el juicio. Baldomir se presentó acompañado de su pareja y su pequeña hija, reconoció los hechos y aceptó un acuerdo. La defensora oficial Gisela Cancilieri y la fiscal Marina Herbel suscribieron una pena de tres años de prisión condicional, para lo cual no tuvo objeciones el Tribunal Oral Federal. El supuesto Borda no apareció por la sala de audiencias y fue declarado en rebeldía.

***

El 3 de noviembre de 2014 Leonardo salió de la comisaría de Pergamino derecho a buscar un abogado. El 6 de noviembre se presentó en Paraná, junto al letrado Néstor Darío Pereyra. Dijo que no era él a quien buscaban y culpó a un exvecino suyo por involucrarlo. Según expresó, Ángel Javier Rojas vivía a cuatro casas de la suya muchos años atrás, en Santa Fe, y cuando lo interceptaron en Oro Verde trasladando a una víctima de trata, para zafar, dijo que se llamaba Leandro Emanuel Borda. Todos los datos que había dado el impostor no coincidían con los del original, como el nombre de sus padres y su domicilio actual. Y, por supuesto, el auténtico mostró los documentos.

Un efectivo de la Policía Federal le pintó los dedos al verdadero y le extrajo un juego de fichas dactilares. Un perito de Gendarmería Nacional analizó las huellas y las comparó con las del falso. El resultado obvio fue que se trataba de dos personas distintas.

¿Cómo pudo suceder esto? Pues bien: el Borda trucho no solamente mintió sobre su identidad, domicilio y nombre de sus padres; también dijo no recordar su número de DNI al momento de su indagatoria; no pudieron identificarlo en el Registro Nacional de Reincidencia; y nunca le pidieron que mostrara su documento. Así ingresó la causa al Tribunal Oral Federal de Paraná.

La historia terminó recién este miércoles 16 de septiembre de 2015, cuando el TOF le levantó la rebeldía y el pedido de captura para el verdadero Borda, o sea el único Borda, y dispuso su sobreseimiento de oficio. Es ahora el juez federal Leandro Ríos quien debe proceder en consecuencia.

***

Por si hiciera falta, en su fallo del 16 de septiembre, el Tribunal consideró necesario aclarar que:

“... las huellas digitales existen desde el nacimiento del individuo y fijan fehacientemente durante toda su vida y aún hasta después de su muerte, de manera categórica, la identidad física, por cuanto las características y particularidades de diseño y conformación de las 'crestas papilares epidérmicas' poseen las propiedades de inmutabilidad, perennidad y variabilidad. Consecuentemente, tal como afirma el cotejo dactiloscópico efectuado, las huellas son absolutamente diversas y no se han visto dos iguales, afirmándose que no se encontrarán dos dedos del mismo individuo o distinto que coincidan exactamente en todos los detalles de sus dibujos papilares; por lo que, en función de ello, las huellas de quien inicialmente se presentara como Borda, no son las de quien se identificara, mediante el documento de identidad, como Leonardo Javier Borda”.  


Foto: cdn.teknlife.com/

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