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Cincuenta y dos
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viernes 02 de agosto de 2013
Después de un largo estancamiento, la causa Área Paraná parece empezar a reactivarse. Aquí rescatamos algunas de las 52 historias de las víctimas de delitos de lesa humanidad comprendidas en el expediente, que todavía esperan por justicia.
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Alfredo Hoffman

Uno

Abatido en un enfrentamiento con las fuerzas del orden. Curioso enfrentamiento en que no hubo bajas ni heridos en esas fuerzas del orden. Pero Beto y su compañero, Carlos, tenían sus cuerpos agujereados. Y la vivienda de calle Rondeau también quedó agujereada entera por las balas de esas fuerzas del orden. Cinco años desaparecido. Hasta que un empleado del cementerio dio el dato a los familiares: marcó la tumba del NN donde estaba Beto. Era la tumba setenta y cuatro. Un día de 1981 llevaron sus huesos en un auto, en forma clandestina, aprovechando el traslado de los restos de su padre. El 12 de febrero de 2007 la ciencia dijo que sí, que era él, con noventa y nueve coma novecientos noventa y nueve por ciento de certeza. Entonces sí, hubo sepelio con nombre y apellido, en la necrópolis privada de San Benito.

Juan Alberto Beto Osuna fue detenido por fuerzas militares y policiales en la ciudad de Santa Fe, dentro del hospital Iturraspe, el 8 de septiembre de 1976. Junto a él detuvieron a otro militante. Lo trasladaron a una casa de campo en la zona de Rincón, donde lo torturaron. Una vez que lo llevaron a Paraná fue asesinado y su cuerpo arrojado junto con el de Carlos José María Fernández a “La Tapera” de calle Rondeau 1.396. El 25 de septiembre de 1976, aproximadamente a las 0.30, cincuenta militares y policías abrieron fuego contra la casa. Así fraguaron el enfrentamiento en que fueron “abatidos dos delincuentes subversivos”.

Ocho

Un año y tres días conociendo cárceles y comisarías de una democracia moribunda y una dictadura naciente. Después, un molino a una cuadra. Una casa antigua con rejas y con galerías. Muy cerca, la Base Aérea. El lugar, en las afueras de Paraná, era apto para los golpes y las torturas. Cuando lo regresaron a la cárcel, lo recibió el doctor Moyano. Estaba maltrecho, su estado de salud era pésimo, pero el médico lo revisó con pocas ganas. Luego el cautiverio siguió en el Chaco. El “teléfono” que sufrió en aquella casa, ese método de tortura que consiste en golpear los oídos de la víctima con las manos abiertas, le provocó serias lesiones en los tímpanos y un afección crónica.

Nueve

Cuando le pasaban la picana, el dolor lo partía al medio. Su reacción era moverse desesperadamente, arquearse hasta donde le permitía el cuerpo sujetado a una de esas camas de metal por los pies y por las manos. Las marcas rojas en la piel, en los tobillos y en la muñecas, demoraron mucho tiempo en suavizarse. Aunque las marcas de la tortura nunca se borran. En una sesión de esas, ahí en la Base Aérea, el corazón se le detuvo. Pero allí estaba el doctor Moyano para controlarlo todo y avalar que el salvajismo continuara después de un paro cardíaco. Lo habían secuestrado el 4 de diciembre de 1975, en el barrio Pagani Chico, en el borde oriental de Paraná. El primer destino fue no muy lejos de ahí: la vieja comisaría de El Brete, donde hubo golpes y preguntas, esposas y capucha por dos o tres días. Después, Investigaciones, en calle Urquiza entre Córdoba y Santa Fe, y luego la unidad penal. Ahí vio por primera vez a Moyano, que le miró las huellas de la golpiza sin inmutarse. La víspera de Navidad lo trasladaron a la cárcel de Gualeguaychú. En septiembre del 76 lo regresaron a la capital provincial, a un calabozo en el Escuadrón de Comunicaciones del Ejército, y de ahí a la casa de la Base Aérea donde el corazón se le paró por unos minutos. La voz de mando allí era del teniente coronel Zapata. Cuando lo retornaron a la unidad penal tenía quemada la panza, los tobillos, las muñecas y el médico Moyano lo revisó y dijo que su estado era bueno. El suplicio siguió en Comunicaciones. Allí le hicieron firmar declaraciones armadas para el Consejo de Guerra, le pegaron con una cachiporra, le metieron una birome en la nariz y la capucha quedó roja de sangre. La historia de los traslados se continuó: la cárcel, con las revisaciones de Moyano y las amenazas; Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Caseros, Sierra Chica, La Plata, otra vez Caseros, Devoto, Paraná. La libertad: recién el 13 de enero de 1984.

Doce

La parestesia es la sensación anormal de los sentidos o de la sensibilidad general que se traduce en una sensación de hormigueo, adormecimiento, acorchamiento. La produce una patología en cualquier sector de las estructuras del sistema nervioso central o periférico. La mujer del caso número Doce sufre de parastesia desde que la corriente eléctrica la hacía arquearse en el camastro de metal y esto le provocaba fisuras en las cervicales y le afectaba las terminaciones nerviosas. En una oportunidad la picanearon delante de su padre, a quien llevaron para que presenciara cómo se ensañaban con ella. Los escenarios de las torturas y el cautiverio eran la casa de la Base Aérea, la cárcel de mujeres, Comunicaciones y otras dependencias de los cuarteles. Los personajes eran los médicos Riolo y Moyano, el auditor Appiani, el penitenciario Balcaza; la directora de la unidad penal 6, Rosa Bidinost, y un tal Ramiro. La detención, que había empezado en Diamante el 24 de marzo de 1976, finalizó en Paraná el 28 de marzo de 1982.

Quince

¿Cómo es el sabor de la orina?¿Cómo es el sabor de la orina cuando uno tiene la lengua partida de sed y es lo único líquido que hay en la celda?¿Cómo es el sabor de la orina mezclada con sangre?¿Cómo es el gusto de la orina después de la descarga eléctrica sobre el cuerpo desnudo y mojado con agua y con whisky?¿Cómo es el sabor de la orina cuando te sacan las esposas, las vendas y la capucha y te tiran al calabozo mugriento y todavía se escucha como un eco el ruido de la máquina y el “paren” del médico? Qué lejos estás de tu casa y qué cerca estás de la muerte.

Veinticuatro

La voz de Jorge Humberto Appiani se le hizo familiar al Veinticuatro. La escuchó todos los días de aquellas dos semanas que pasó en la casa cercana a la Base Aérea. El militar dirigía los interrogatorios. Hacía las preguntas que precedían a la picana y a las heridas en la carne cuyas cicatrices todavía se conservan. Para el Veinticuatro, la voz de Appiani es imposible de olvidar.

Veintiocho

Cosas que hacía esa gente. A ella la secuestraron en Paraná cuando estaba embarazada. Saquearon su casa. La golpearon con las armas, la amenazaron. En la sede de la Policía Federal le pegaron con bolsas de arena en la cabeza y en el vientre. La amenazaron con fusilarla y con provocarle la pérdida del embarazo. Estuvo en Comunicaciones, en una celda contigua a la de Coco Erbetta, que fue retirado el 23 de agosto de 1978 y no volvió a aparecer. La Veintiocho estaba de tres meses y medio cuando comenzó a sentir fuertes dolores en la panza: una hemorragia y el embarazo se detuvo. Le hicieron el raspaje el 22 de septiembre en el hospital San Martín. Al otro día volvió a la cárcel, a Comunicaciones, a las torturas.

Veintinueve

Los nombres y los lugares se repiten. Ahí estaban los calabozos del Escuadrón de Comunicaciones, la casita de la Base, la cárcel; los Appiani, Apelhans, Moyano. José Anselmo Appelhans, el director de la Unidad Penal de Paraná, el que amenazó a los presos políticos después de una visita de Adolfo Servando Tortolo, el arzobispo. También estaba Cacho Obaid, el vecino del Veintinueve. Vivía justo enfrente de su casa y se lo encontró en la casita. Cuando estaba estaqueado a la cama y vendado, venía Cacho, que había seguido la carrera militar y ahí se hacía llamar Turco, y se le sentaba al lado. Le decía que lo conocía, que era amigo suyo y que tenía que decir la verdad para que no le pasara nada. El Veintinueve lo reconoció por la voz.

Cincuenta y dos

Lo sacaron de su casa en Diamante y lo llevaron a una celda en Comunicaciones. Dieciséis días estuvo en ese rectángulo de dos metros por uno y medio, con una puerta de hierro, una colchoneta con un poco de paja de trigo y una manta que le entregaban a las diez de la noche y se la quitaban a las seis de la mañana del día siguiente. Comiendo muy poco y recibiendo amenazas todo el tiempo. Para ir al baño había que suplicar durante horas, hasta que por fin le daban la capucha, mojada y sucia, y lo llevaban a punta de pistola. Había que apurarse a hacer las necesidades porque, en cualquier momento, lo sacaban y lo devolvían al calabozo. El 8 de mayo de 1976 lo pusieron en libertad y le prestaron plata para volver a Diamante.

ccd

Acusados

La causa “Sr. Fiscal general solicita desarchivo de causas que tramitaran por art. 10 ley 23.049 expte. 7824”, conocida como Área Paraná, tramita por escrito y está saliendo de un largo periodo de estancamiento que fue originado por recusaciones y planteos dilatorios de los represores, que a su vez tuvieron acogida en la Justicia. Actualmente se están produciendo las contestaciones de las defensas a las acusaciones de los querellantes.

En noviembre de 2011, la querella de la organización H.I.J.O.S. Regional Paraná, con el patrocinio de la abogada María Florencia Amore, presentó su acusación contra diez imputados por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra 52 víctimas.

A Ramón Genaro Díaz Bessone, comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, acusó de 44 casos de “Privación ilegal de la libertad agravada por mediar violencia y amenazas y por durar más de un mes”; cinco casos de “Imposición de severidades, vejaciones y apremios ilegales, agravada por resultar graves daños a las víctimas y por durar más de un mes”; 37 casos de “Aplicación de tormentos agravados por ser las víctimas perseguidos políticos”; un caso de “Homicidio calificado por haberse cometido con ensañamiento y alevosía y por haberse cometido con el concurso de dos o más personas” y tres casos de “Desaparición forzada de personas agravada por haber resultado la muerte de la víctima”. En total: 90 hechos.

A José Anselmo Appelhans, director de la Unidad Penal Nº 1 de Paraná: 18 casos de “Privación ilegal de la libertad agravada por mediar violencia y amenazas y por durar más de un mes”; 22 de “Imposición de severidades, vejaciones y apremios ilegales agravado por resultar graves daños a las víctimas y por durar más de un mes”; y 18 de “Aplicación de tormentos agravados por ser las víctimas perseguidos políticos”. Total: 58 hechos.

A Rosa Susana Bidinost, directora de la Unidad Penal N° 6 de Paraná: cinco casos de “Imposición de severidades...”; y dos de “Aplicación de tormentos...”. Total: siete hechos.

A Jorge Humberto Appiani, auditor del Ejército y auxiliar del Consejo de Guerra Estable N° 1 y N° 2 de la Subzona 22: 34 casos de “Privación ilegal de la libertad...” y 34 de “Imposición de tormentos...”. Total: 68 hechos.

A Hugo Mario Moyano, médico del Servicio Penitenciario de Entre Ríos: siete casos de “Imposición de severidades...” y tres de “Aplicación de tormentos”. Total: diez hechos.

A Luis Francisco Armocida, jefe de Operaciones y Seguridad de la Jefatura Departamental Diamante de Policía: seis casos de “Privación ilegal de la libertad...”.

A Oscar Ramón Obaid, cabo 1° de Ingenieros: dos casos de “Privación ilegal de la libertad...”; dos de “Aplicaciónde tormentos...” y dos de “Imposición de severidades...”. Total: seis hechos.

A Alberto Rivas, oficial instructor del Consejo de Guerra: 33 hechos de “Privación ilegal de la libertad...” y 33 de “Aplicación de tormentos...”. Total: 66 hechos.

A Carlos Horacio Zapata, oficial de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Entre Ríos: 13 casos de “Privación ilegal de la libertad...”; 13 de “Imposición de severidades...” y 13 de “Aplicación de tormentos...”. Total: 39 hechos.

A Cosme Ignacio Marino Demonte, oficial de la Policía Federal: dos casos de “Desaparición forzada de persona...”; y subsidiariamente dos casos de “Privación ilegal de la libertad...” y uno de “Homicidio calificado”. Total: cinco hechos.


Foto principal: manglaresdorados.wordpress.com

Foto secundaria: Andrés Borzi - prensamercosur.com.ar

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