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viernes 05 de julio de 2013
Entre lo que desechamos está la materia prima de un grupo de paranaenses que apuesta a mejorar sus condiciones de vida con una experiencia de economía solidaria. Cómo funciona Un Sueño Cartonero, la cooperativa de recuperadores de residuos que se hace cada vez más visible en la capital de Entre Ríos.
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Alfredo Hoffman

“En conjunto se llega lejos. Individualmente no llegás a ningún lado”.

Julio Llanes está convencido de lo que dice. Es una de las caras visibles de Un Sueño Cartonero, una organización de trabajadores que recoge buena parte de lo que tiramos los paranaenses y hace de eso su medio de vida. La premisa, afirma y repite Julio, es la unión de voluntades y hacer posible que todos ganen con el fruto de su trabajo.

Un Sueño Cartonero es el nombre que adoptó hace dos años la Asociación Civil Cirujas y Cartoneros, un grupo de vecinos del postergado barrio San Martín de Paraná que empezó en 2009 con la iniciativa. Hoy, cuando están a un paso de convertirse formalmente en cooperativa, el tiempo transcurrido está dando buenos resultados: ya no trabajan dentro del Volcadero y el cirujeo no es solamente una salida para hacerse del pan de cada día. Ahora los contratan en empresas y eventos de la ciudad y la zona para hacer recolección, reúnen mayor volumen de material y consiguen mejores precios de venta.

A mediados de junio de 2013, los trabajadores firmaron un convenio con la Municipalidad, la fundación Eco Urbano y Cáritas que les renovó las expectativas. Se les otorgó el permiso de uso de un terreno en calle Ameghino, donde se construirá un galpón y un salón de usos múltiples. Suponen que con esto, al tener un lugar en condiciones para hacer sus labores, podrán aumentar la producción y dar un nuevo paso adelante en la lucha por el bienestar de sus familias; en la lucha por superar la situación de pobreza.

Julio tiene 35 años y dos hijos que alimentar, uno de 14 y otro de 10. Tiene el rostro delgado y largo y una frente generosa; una mochila en la espalda; una riñonera en la cintura; un hablar rápido y seguro. El cirujeo es su fuente de ingresos. Es su oficio desde siempre, desde que lo incorporó siguiendo a su abuela en el Volcadero. Le gusta aprender, investigar. Por eso se lo ve frecuentemente en un ciber del centro –uno de los pocos que sobreviven en la capital entrerriana después de la explosión de la primera década del siglo– buceando en Internet en busca de nuevas ideas y proyectos para mejorar su actividad. Es un autodidacta, aprendió de su familia, de la calle y también de la escuela. Pudo hacer hasta cuarto año de la secundaria, pero ahora está decidido a terminar los estudios y anda averiguando en qué institución para jóvenes y adultos le conviene inscribirse. También quiere ser bombero. Se anotó en Bomeros Voluntarios y está esperando el llamado para hacer el curso y empezar a apagar incendios y asistir a las víctimas de accidentes y tragedias naturales. Su vocación es ayudar a los demás, asegura.

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Barrio San Martín, también conocido como El Volcadero. (Foto: jardín maternal Isleritos)

La diaria

Cartón, papel, plástico, vidrios. Mucho de lo que tiran las empresas le sirve a Un Sueño Cartonero. Los llaman y ellos van a hacer el servicio, cobran un canon accesible y se llevan el material para reciclar, enfardar y vender a otras empersas que lo necesitan. Andan con el símbolo del reciclaje estampado en sus remeras. Así se los ve también en boliches y en espectáculos públicos, donde juntan vasos, botellas, papeles, cajas. Todos los fines de semana van a la costanera y recogen lo que tiramos alegremente al piso quienes vamos de paseo. Ya los conoce todo el mundo, asegura Llanes, todo el tiempo los llaman y casi nunca falta trabajo.

Muchos se hicieron cartoneros con la crisis del 2001. Se quedaron sin trabajo y encontraron en los residuos una forma de sobrevivir. Muchos todavía recurren a este oficio cuando las changas no salen. Un oficial de albañilería que no tiene obra, una trabajadora de casa de familia con pocas horas o mal pagas o un desocupado o desocupada en cualquiera de sus variantes.

Julio, como todos sus compañeros, aprendió a trabajar de a poco, con el paso de los años y mucho a través de aquella abuela. Como todos, sabía hacer un montón de cosas. Pero, como él dice, en algún momento había que “avivarse”: tomar conciencia de que era necesario hacer algo para mejorar las condiciones de vida.

Quienes se organizaron han podido salir del Volcadero como lugar de trabajo, un lugar donde todos se criaron pero que los expone a enfermedades y accidentes. Tampoco necesitan ya recorrer solos o en familia las calles del centro, buscando algo reciclable en las bolsas de basura. Al mismo tiempo, la organización como cooperativa de trabajo les permite contar con mejores ingresos, porque venden en mayor volumen y porque además podrán recibir de la Federación de Cartoneros dinero, borceguíes, barbijos, guantes y ropa de trabajo. Y cuando en julio o agosto se habilite el “galponazo” prometido en calle Ameghino, tendrán un lugar fijo para el reciclaje y esperan poder incrementar la producción.

Hoy son 35 personas. Nueve de ellos integran la comisión directiva. Todos son socios, no hay patrón y la ganancia se reparte por partes iguales. Y esperan ser muchos más, convencer a otros de que unirse les mejorará la calidad de vida. Por eso van a los barrios aledaños al San Martín y van sumando vecinos para trabajos puntuales, con el objetivo de integrarlos y ser un grupo grande cuando necesiten hacer frente a mayores demandas.

Ganar

“Si vos vendés solo, en el Volcadero, no ganás nada: 40, 50, 60 pesos, de lo que puedas juntar. Trabajando en el centro es lo mismo: si no tenés un grupo y no trabajás así, no ganás nada. La gente que está en el Volca y ahora va a ir a la planta, va a ganar lo mismo que nosotros. Nosotros tenemos que apoyar para que la gente se dé cuenta de que así se trabaja: en conjunto se gana más”.

“La gente del barrio va a vivir mejor y va a ganar más. Esa es la idea a la que estamos apuntando nosotros. Enseñarles a ellos, como nosotros aprendimos, que ellos puedan aprender y manejar sus cosas. Y que vendan a un buen precio y no que vendan a un precio mínimo. Hoy día no les pagan nada los acopiadores. Entonces vos, si le vendés a un precio a un volumen alto, le ganás más”.

“Venderle enfardado a una papelera es mucho más plata que venderle a uno que compra ahí cerca del barrio. Hay muchos que compran y la gente le vende. La gente que está en el Volca le vende. Nosotros no le vendemos más, porque se lo vendemos a la papelera. El cartón, diario, todo eso”.

Julio dice que, por lo general, lo que ganan hoy les alcanza para mantener a sus familias y que cuando tengan el galpón va a ser otra cosa, les va a alcanzar y a lo mejor les va a sobrar. Él tiene dos hijos; no sabe cómo hubiera hecho para sostenerlos con la plata de la venta individual si hubiesen sido más. Esa precariedad los llevó a buscarle la vuelta, a la organización en asociación civil y luego a la cooperativa. Porque esto tiene vuelta, así lo ve él.

Después de decir esto, Julio Llanes pide que los llamen al 0343 154731584 quienes necesiten de sus servicios. Quienes tengan residuos, materiales que no van a utilizar, que los llamen. Cartón, diario, plásticos. Ellos van, les explican cómo funciona la cosa, cobran un precio accesible y se llevan su materia prima.

julio

Separar la basura

En un momento de la charla, ahí en el ciber que está a metros de la plaza 1° de Mayo, le pregunto por la separación de la basura; ese proyecto que en Paraná sigue siendo sinónimo de fracaso. Supongo que si todos asignáramos a cada tipo de residuos un recipiente distinto, si depositáramos por un lado lo seco y reciclable y por otro lo orgánico o húmedo, a los cartoneros se les facilitaría enormemente la tarea. Mi entrevistado me da una lección sobre el tema, pero también, por enésima vez durante la conversación, una lección sobre el modo cooperativo y solidario de ver la vida.

“Eso lo está intentando la Municipalidad, que nos llama a nosotros, a todos los actores, para que la gente separe en origen, para que al Volcadero llegue limpio. Que no vaya todo entreverado, que la gente se tome la molestia de separarlos, que vaya el papel en un lado, el pañal y la toallita en otro. Todo lo que sirve en un lado y lo que no sirve, desapartado. La Municipalidad va a hacer una prueba piloto, está muy bueno. Nosotros tenemos que apoyarlo y empujarlo a eso. Capaz que a la gente del centro le hacés una prueba piloto y aprende y después funciona. Hay que probar. Hay que movilizar mucha gente para explicarle a los vecinos, militar el trabajo con mucha gente, se puede lograr. Hay que hacerlo y no dejarlo: hay que seguirlo. Todo está bueno pero hay que empujarlo entre todos, porque sino no se puede”.


Fotos: Facebook de Un Sueño Cartonero

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